DEL ENEMIGO, EL CONSEJO
eajandoain @ 22:59
¿Por qué el juez Garzón ha ordenado detener a Arnaldo Otegi, Rafa Díez, Rufi Etxeberria y otros siete dirigentes de la izquierda abertzale? ¿Por qué han detenido a aquellos que se sabe que están intentando que la izquierda abertzale, en su conjunto, haga una apuesta inequívoca por las vías exclusivamente políticas y democráticas? ¿Por qué intentan quitar de en medio a aquellos que persiguen que ETA abandone, definitivamente, la estrategia armada? Estas son las preguntas que gran parte de la ciudadanía vasca se hace esta última semana.
Y la respuesta –por mucho que le moleste al señor Ares- es obvia: porque al Estado no le interesa que ETA desaparezca. Y, ¿por qué no le interesa que desaparezca ETA? Porque, en un escenario de ausencia de violencia por parte de la organización armada, se abre la posibilidad de que, en este Pueblo, se produzcan movimientos que el Estado no controla.
En reiteradas ocasiones, hemos advertido que el Acuerdo de Lizarra Garazi provocó la puesta en marcha de una estrategia compartida por el PSOE y el PP. La foto de Josu Urrutikoetxea votando a Juan José Ibarretxe para Lehendakari encendió todas las alarmas en España. La mayoría nacionalista que se visualizaba en la Cámara vasca aterró a un Estado que nunca llegó a pensar en la posibilidad de que se materializara la unidad de acción abertzale.
Lizarra Garazi supuso un antes y un después en la historia de este Pueblo. Y, con independencia de los altibajos que se hayan podido producir en estos diez años, los avances conseguidos, tanto en el ámbito de la paz como en el de la normalización, han sido realmente importantes.
En relación con la paz, Lizarra Garazi consiguió que una gran parte de la gente que, hasta entonces, había defendido la necesidad de la lucha armada se diera cuenta de que se avanzaba más rápido por vías exclusivamente políticas y democráticas.
Y en el ámbito de la normalización política, se consolidó la idea de que la única vía para resolver el conflicto político pasa, necesariamente, por el reconocimiento del Pueblo Vasco y su derecho a la autodeterminación.
Pero, como hemos señalado, Lizarra Garazi también desencadenó la unidad de acción por parte de los partidos de obediencia estatal. El PP y el PSOE sellaron un acuerdo por el cual dejaban a un lado sus diferencias en España cuando se trataba de abordar la cuestión vasca. Dictaminaron que, aquí, no existía conflicto político de ningún tipo, que sólo había un problema de violencia; y se plantearon como primer objetivo desalojar al nacionalismo de las instituciones. Para ello no tuvieron ningún rubor a la hora de privar de sus derechos y libertades a una parte de la ciudadanía vasca e ilegalizaron a la izquierda abertzale. Sabían que era esa era la única forma de que les dieran los números en el Parlamento. Y, a pesar de que el PNV ganó las elecciones por 84.000 votos, decidieron pasar por alto que la mayoría social y política de este país sigue siendo abertzale y firmaron un acuerdo por el que Patxi López accedía a la Lehendakaritza. Habían logrado el primero de sus objetivos.
Pero la estrategia compartida por el PSOE y el PP no acaba ahí. Ahora necesitan tiempo para lograr su último fin: diluir el hecho diferencial vasco. Y ahí es donde Arnaldo y compañía amenazan con romper los planes de Rubalcaba y Mayor Oreja. Porque ¿qué pasaría si las gestiones que estaban realizando dentro de la izquierda abertzale dieran fruto y ETA decidiera abandonar, definitivamente, la violencia? ¿Qué pasaría si la izquierda abertzale hiciera una apuesta inequívoca por vías exclusivamente políticas y democráticas? ¿Qué harían Pérez Rubalcaba, Rodríguez Zapatero y los socialistas vascos? ¿Cómo justificarían que la izquierda abertzal no pudiera presentarse a las próximas elecciones?
Esa es la cuestión de fondo: que el Estado no se puede permitir el lujo de que se abra un escenario que no controle. Resulta fuerte decirlo pero es cierto: no les interesa que desaparezca ETA porque –al margen de cuestiones éticas y morales-, desde una perspectiva política, la violencia de ETA a quien realmente perjudica es al nacionalismo vasco. Y, evidentemente, si perjudica a unos beneficia a otros. ¿A quiénes? A los que ordenan las detenciones, a los mismos que ya dijeron que la izquierda abertzale no podría hacer política aunque condenara la violencia de ETA.
Esa es la realidad. Y es, precisamente, por eso por lo que Ares y todo su coro mediático se solivianta cuando Egibar lo dice públicamente. Es por lo que recurren al insulto y a la descalificación. Pero, como decía el presidente del GBB, la violencia verbal que utilizan denota debilidad en el argumento.
Ahora la clave está en ver qué hace ETA. Habrá que ver si reacciona y se da cuenta de que si persiste en su estrategia armada al único que beneficia es al Estado que dice combatir o si, por fin, se da cuenta de que la apuesta por las vías exclusivamente políticas y democráticas abre las puertas a un acuerdo de mínimos entre aquellos que defendemos que el Pueblo Vasco existe y que tiene derecho a decidir. Y ya se sabe: del enemigo, el consejo. Eso, por no mencionar, que la gran mayoría de este Pueblo hace ya mucho tiempo que le pide que deje las armas, de una vez y para siempre.

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