GORKA
eajandoain @ 11:20
2009-03-24
GORKA
Artículo de Xabier Arzalluz
Como cuenta el lehendakari Agirre, él y todos sus hermanos se refugiaron en Bélgica al tener que huir de Euskadi. Fue dramática su odisea ante la invasión de las tropas alemanas y su imposibilidad de entrar en Francia. Se refugiaron donde pudieron y en uno de los bombardeos alemanes perdieron una hermana. Tras la desbandada cada cual se asentó donde pudo. Juan Mari y su esposa Mª Teresa Arizmendi se establecieron en Amberes, donde tuvieron hasta seis hijos. Gorka fue el segundo.
Pese a todas las dificultades en aquella casa se hablaba euskera. Mª Teresa, asistida por su fiel Luisa Eizmendi del caserío Basabil de Regil, establecieron una ikastola familiar. En casa se hablaba euskera, en la calle flamenco y en el colegio francés. Pero Juan Mari, el padre, era bilbaino y apenas sabía euskera. Pensó que podía irlo aprendiendo en la medida en que sus hijos lo hacían. Llegó un momento en que Gorka y su hermano mayor, muy preocupados, le preguntaron a su madre: "Ama, aita tontua da?". Ante la estupefacción de su madre, Gorka y su hermano aclararon: "Es que habla como un indio". Juan Mari no había calculado que él, hombre ya hecho y derecho, carecía de la flexibilidad mental para el aprendizaje de un idioma que tenían sus hijos de tan corta edad. Y como en esta vida, y más siendo padre, se puede hacer todo menos el ridículo, optaron por la solución salomónica de que los hijos hablaran sólo euskera con la madre y Luisa, y en español con su padre. Y de este modo, todos los Agirre-Arizmendi aprendieron perfectamente euskera, español, flamenco y francés, además del inglés o alemán del colegio.
Amberes era una ciudad cosmopolita. En la más cercana vecindad de los Agirre vivían numerosas familias judías, dedicadas casi todas al negocio de los diamantes. Los Agirre Arizmendi fueron realmente europeos y vivieron todas las convulsiones, la guerra, incluida la trágica persecución judía en su propia vecindad durante la ocupación alemana.
Contaba Gorka que un día citaron a su padre en la Kommandantur alemana, es decir, a la tan temida Geheime Staats Polizei o Gestapo. Juan Mari compareció puntualmente con el lógico miedo que inspiraba tal convocatoria en un exilado de Franco. El oficial le preguntó sobre el paradero de su hermano, el lehendakari José Antonio. Hoy todos conocemos la peripecia de J. A. Agirre a través de su libro De Gernika a Nueva York pasando por Berlín, pero, lógicamente, ni su hermano Juan Mari ni nadie de los Agirre sabía ni remotamente de su paradero. El oficial no insistió y le despidió correctamente.
Pasó algún tiempo y de nuevo recibió Juan Mari Agirre una citación a la sede de la Kommandantur. Y sucedió lo que nunca hubiera esperado: el oficial le informó de que su hermano José Antonio se hallaba ya a salvo en América, añadiéndole: "¡Sólo hubiera faltado que hubiéramos tenido que entregar al Führer de los vascos a ese enano gallego".
Lo cuento porque es un hecho valioso que oí de los propios labios de Gorka, nada profuso en contar cosas. El hecho es que sus primeros años de vida estuvieron veteados de alemanes, judíos, flamencos, valones y del Colegio de los Jesuitas. Bebía cerveza, nunca vino, y comía a gusto patatas fritas en manteca, a la flamenca, y por supuesto mojojones al vapor.
No sé qué conversaciones políticas habría en aquella familia de exilados vascos, pero sí sé que Mª Teresa Arizmendi vivió toda su vida el trauma profundo que le produjo el violento asesinato de su padre perpetrado por unos requetés que en los primeros días de la sublevación de Franco lo sacaron violentamente de su casa de Oiartzun para fusilarlo en una cuneta de la vecina Nabarra donde lo enterraron sin dejar rastro. La familia Arizmendi, mucho antes de todo esto de la memoria histórica, supo del lugar exacto, compró una pequeña parcela y, en cuanto las circunstancias lo permitieron, trasladó sus restos mortales al enterramiento familiar. Mª Teresa Arizmendi se resistía a volver a Euskadi poseída por ese trauma, agravado porque los asesinatos de ETA revivían en ella la tragedia de la casa familiar de Oiartzun como si aún continuara la guerra. Tal vez esta sensación de "algo no concluido aún" impulsaba a Gorka a dedicarse a buscar la paz.
Gorka, pues, fue bueno por naturaleza, patriota por inmersión familiar y condicionamiento de exilio. Tropezó con ETA por primera vez en Bruselas. Los Agirre, los otros Agirre, los Pujana, los Uzturre, con gran relación entre ellos, atendían en lo que podían a todo vasco que caía por aquellas tierras. Ése fue su primer contacto con los clandestinos, como llamaba a los de ETA el que más tarde sería su suegro Luis Mª Retolaza. Tuvo también en Bruselas un emplazamiento inmejorable para trabar contacto de colaboración con todos los hombres del PNV, empezando por el propio Ajuriaguerra, que con relativa frecuencia asistíamos a los mil congresos, encuentros y simposios que durante años se celebraban en la capital flamenca. Es decir, Gorka tenía un contacto privilegiado con el PNV en una de sus actividades más sensibles, las relaciones exteriores, en las que siguió interviniendo toda su vida.
Durante muchos años estuvimos dependiendo de nuestros activistas de Venezuela para nuestra propaganda. Pero necesitábamos una fuente más cercana y más rápida y flexible para atender a nuestras urgentes necesidades propagandísticas. Para lo que decidimos montar en Donibane una imprenta moderna, de forma que funcionara como una empresa que se financiara sobre el terreno sirviendo a las necesidades mercantiles locales. Necesitábamos un gerente de toda confianza para una labor en buena parte clandestina, y, claro está, competente. El hombre indicado era Gorka que, además, dominaba el francés como cualquier nativo. No parecía fácil que un joven competente que acababa de comenzar su vida profesional abandonara su mundo y se embarcara en una vida cuasi-clandestina y de volumen y futuro más que problemáticos. Sin embargo, Gorka aceptó, dejó Bélgica y vino a vivir a Donibane.
Por aquellos años pululaban por Donibane gentes del viejo y nuevo exilio, y entre éstos gentes de ETA, en activo o no. Todos se encontraban en todas partes, en las tascas, en el restaurante de Etxabe o en el frontón. Ni las autoridades francesas eran tan estrictas ni la policía española tan omnipresente. Gorka, Isasi o Zumai tomaban sus txikitos entre las gentes de ETA que se dedicaban a la misma tarea en los mismos lugares. El contacto era algo inevitable.
No se trataba, generalmente, de encuentros conspirativos, aparte de que la desconfianza era mutua y en muchas ocasiones profunda. Recuerdo una de las cosas más rocambolescas que nos tocó vivir y en la que Gorka tuvo un papel fundamental de contacto. José María de Areilza, conde consorte de Motrico, nos citó en un hotel de Bilbao para un asunto, según él, importante. Nos transmitía, de parte de la cabeza de ETA un mensaje que decía: "Si el PNV, a través de alguien significativo de su organización daba a entender públicamente que había puntos aceptables en su alternativa KAS, ETA estaba dispuesta a sentarse con el PNV a hablar de todo, incluso el final de la lucha armada".
El tema era peliagudo y además rocambolesco. Que ETA enviara un mensaje de ese calibre al PNV, a través precisamente de un hombre tan significado en el franquismo y tan odiado en el mundo nacionalista desde su discurso a la entrada de las tropas de Franco, no dejaba de ser sorprendente. Nosotros, que no solíamos desaprovechar ningún cabo que se nos lanzara desde cualquier parte, nos dispusimos a saber qué había detrás de la iniciativa de Areilza por muy extraña que nos pareciera. Había que saber primero qué base había en ella. Era necesario contactar extraoficialmente con la dirección de ETA. El hombre adecuado para tal contacto era Gorka, que sabía perfectamente dónde encontrar a Iturbe.
Efectivamente topó con Txomin y su lugarteniente Azkoiti y preguntó si la vía del Conde era válida. Le respondieron que sí. Pero cuál fue nuestra sorpresa cuando vuelve a llamarnos Areilza diciéndonos que habíamos estropeado la operación, porque habiéndosenos ofrecido la puerta principal habíamos ido a tocar la puerta de la cocina. Vuelve Gorka a Donibane a averiguar desde cuándo Txomin Iturbe es la puerta de la cocina y Azkoiti le responde tajantemente que Txomin es el número uno de ETA.
Descubrimos que el interlocutor de Areilza era Telesforo Monzón quien, de aristócrata a aristócrata (o lo que fueran), le había lanzado el farol de que él, Monzón, era el mandamás de ETA.
No quisimos que la cosa terminara así y concertamos por nuestra cuenta una entrevista con la cúpula de ETA, en aquel momento Iturbe Urrutikoetxea y Antxon Etxebeste, con quienes nos entrevistamos Gorka y yo en Biarritz.
No salió nada de aquella entrevista. El que habló fue Etxebeste, con harta arrogancia por cierto. Cuando nos íbamos y en un aparte, le dijo Txomin a Gorka : "Dile a ese que siga, que lo que hoy no es posible puede serlo mañana". Y así nos despedimos. Fue una entrevista muy importante, pero es otra historia.
Pero no todos opinaban lo mismo de Gorka. Había policías del especimen antiterrorista que se la tenían jurada. Tanto ir y venir, tanto con unos y otros. Y terminaron envolviéndole en una intriga de la que era totalmente ajeno. Le acusaron de ser miembro de la red de financiación de ETA. Le siguieron por todas partes, le pincharon sus teléfonos. Solía ir a veces al Faisán de la frontera de Hendaia, donde su propietario, viejo conocido suyo, le guardaba publicaciones reservadas de ETA como Zutabe o Zutik. Gorka era nuestro analista. Se leía todos los periódicos y publicaciones de la izquierda abertzale y de ETA de cabo a rabo. Yo nunca pude leer entero un Zutabe. Gorka se los leía todos y de principio a fin. Y claro, lo sabía todo. Y acudíamos a él cuando necesitábamos algún dato o información actual o del pasado de ese mundo. Nadie, de ningún Ministerio de Interior ni de centro policial sabía tanto como él. Descansábamos en él. Cuando a algún miembro del partido, o amigo simplemente, le llegaba una carta de extorsión, siempre y como primera medida se la mandábamos a él para que dictaminara si era auténtica, porque las había que no lo eran. Y su dictamen iba a misa.
Cuando la Policía le fotografió en el Faisán con un sobre grueso en la mano no necesitó ver siquiera los billetes. "Eran 30.000 euros recaudados por Gorka para ETA". En realidad era un número de Zutabe doblado. Pero ¡vaya Vd. al juez Grande-Marlaska a decir lo contrario de lo que dice la Policía o la Guardia Civil!
Gorka fue procesado. Grande-Marlaska le impuso una fianza de 30.000 euros para evitar la cárcel. También a mí me llamó a declarar porque tenían grabada una conversación mía con Gorka. Y cuando le expliqué lo que acabo de contar de la función de Gorka con las cartas de extorsión el enorme Marlaska dedujo a lo Sherlock Holmes, y así consta en el sumario, que consultábamos con Gorka la autenticidad de las cartas "porque era el propio Gorka quien las enviaba a los empresarios".
Cuando volvió Garzón de su año sabático se solicitó que desgajara el asunto Gorka del extensísimo sumario sobre la financiación de ETA. Gorka y sus abogados trabajaron meses en el tema y deshicieron punto por punto las supuestas pruebas acumuladas por Marlaska.
Gorka se libró de la cárcel. Pero nunca hubiera pensado siquiera lo que sufrió con este episodio de su vida. Como que son muchos los que creen que fue precisamente esta persecución y su angustia lo que le produjo el cáncer que ha terminado con su vida. Posiblemente porque al hombre de paz que luchó toda su vida para terminar con dignidad el problema de la violencia en Euskadi se le rompieron todos sus esquemas al ser arrastrado en todos los medios como protagonista de la violencia.
Sufrió mucho Gorka en estos años. Se ha ido dejando mucha gente que le ha querido mucho. No ha habido más que ver el funeral de esta tarde. Le hemos despedido con aquel canto que termina: "Jainkoa lagun, esan dezagun, agur egun haundirarte!".

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