Dos pérdidas irreparables.- Desde mi baserri
Juan de Etxano
Dos pérdidas tan importantes en menos de una semana es algo que este país no puede permitirse. Uno, Mikel Laboa, murió por enfermedad y nos deja su inmenso legado cultural. El otro, el empresario Inaxio Uria ha muerto por la decisión de unas gentes que se dicen vascas y que no respetan ni siquiera la celebración del día del euskera.
Uría y Laboa, que tenían practicamente la misma edad, era dos hombres buenos, que supieron dar lo mejor de sí mismos para que sus conciudanos fuéramos un poco más felices. El uno, recuperando y versionando el enorme e inédito cancionero ancestral. El otro, dando trabajo a la gente de su entorno, ayudando a los más débiles y siendo una de las personas más queridas de su Azpeitia.
ETA ha ido a golpear en un pueblo "sin contaminar", dice José. Un pueblo donde no hay concejales del PP ni del PSOE. Donde todos son abertzales y además se supone que el alcalde, de ANV, está bajo su protección y apoyo.
"Tengo amigos en Azpeitia -dice José-, que dudan de que fueran a por Inaxio Uria porque fuera una "presa" fácil, o porque su empresa participara en la construcción de la vía del Tren de Alta Velocidad. Dicen que lo han matado para quitar al alcalde y para provocar la crisis que ha comenzado en el ayuntamiento, donde EA ya ha anunciado su retirada del equipo de gobierno".
ETA ha matado a un abertzale, en el día del euskera, en un municipio con la siguiente composición: PNV, 8; ANV, 6; EA, 2 y Aralar, 1. ¿Cabe mayor traición al pueblo que dicen representar y defender?