Durante la última semana, hemos revivido una escena que no por conocida deja de ser dolorosa. ETA ha vuelto a cometer un atentado. En esta ocasión, el objetivo ha sido un policía nacional, Eduardo Puelles.
La postura del Partido Nacionalista Vasco ante este último asesinato ha sido –como siempre- nítida y contundente: ETA debe la paz a este Pueblo y este tipo de actos resultan anacrónicos.
Pero lo que hemos vivido estos últimos días requiere algo más que una condena rotunda de los actos de ETA. Desde una perspectiva política, resulta necesario hacer un análisis pormenorizado de los hechos y extraer las consiguientes conclusiones.
Y si analizamos lo ocurrido –además de constatar que ETA vuelve a hacer oídos sordos a la exigencia mayoritaria de este Pueblo, que le exige el abandono definitivo de las armas- podemos concluir, en primer lugar, que, con el asesinato de Eduardo Puelles, ETA quiere condicionar, paralizar y determinar los designios de esa izquierda abertzale que quiere asomar a la superficie y trabajar desde las vías exclusivamente políticas y democráticas. En un momento en el que diversos portavoces autorizados de la izquierda abertzale hablan de realizar una reflexión interna, ETA reaparece para condicionar ese proceso.
En este contexto, la respuesta de esa izquierda abertzale ilegalizada que apuesta por vías exclusivamente políticas y democráticas vuelve a ser insuficiente.
Por otro lado, también debe ser objeto de análisis el comportamiento de los denominados “partidos constitucionalistas” y de la mayoría de los medios de comunicación –que se alinean con ellos- durante estos días.
Si atendemos a los titulares y artículos de opinión de la última semana podríamos concluir que hasta que los socialistas han llegado a Ajuria Enea no ha habido ni condena de los atentados, ni acompañamiento a las víctimas por parte de las instituciones vascas, ni repulsa social… Patxi López, en el discurso que leyó tras el atentado, decía que “abrían un nuevo tiempo”. “Vamos a estar al lado de las víctimas y de los amenazados”, añadía. Llegaba a afirmar que “hoy asumimos nuestra propia responsabilidad como país y decimos que se acabó la impunidad”, dando a entender que, hasta entonces –durante los gobiernos nacionalistas y, muy especialmente, durante los de Ibarrtexe-, ETA había gozado de dicha impunidad. Y este mensaje se ha difundido a los cuatro vientos gracias a la inestimable colaboración de los medios de comunicación.
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